Y hoy de nuevo, recordé.

Llevaba días atascada en la ansiedad, la negatividad, sin encontrar salida y transitando esa catarsis en que todo aquello en que creo, parece desmoronarse y me invade la sensación de querer tirar la toalla.

Me había dejado arrastrar de nuevo por las emociones, encerrándome en mi misma sin querer salir, todo intensificado por estar en mis días de lunita, en la que asoman más fuerte que nunca todas las emociones dormidas, las que ignoramos, las que no escuchamos, las que no dejamos expresarse y salir, para finalmente transmutar.

Había recobrado las fuerzas y ponía en marcha de nuevo todo el mecanismo de lo que estoy creando, dando forma, atando cabos, dando las pinceladas necesarias, y los pasos.

Hasta que el Universo de nuevo en uno de sus guiños, me ha hecho parar de golpe. Me ha llevado al silencio, al descanso, a la paz, que por mi misma, no me permitía.
Quedándome sin teléfono por el momento, y teniendo si o si, que parar todo movimiento, toda distracción, toda actividad que me sacaba de mí.

Eso acrecentó por momentos mi ansiedad, aunque en la calma de mi interior, sabía que era lo correcto, que era lo que debía pasar, que todo se estaba sucediendo de la mejor manera para mi. Lo sabía, lo sentía.

Estoy siendo llevada al extremo mental por el lado económico, aunque me desesperé, y a veces, por momentos, aunque duren segundos, aún lo hago. Sabía, y sé que es una prueba, que son los pasos en el camino que debo dar, que estoy exactamente donde debo estar y que toda acción, que todo suceso, que toda decisión me llevan hacía donde he de ir.

Y hoy; hoy por una de esas bellas causalidades de la vida, he asistido a una clase intensiva de hatha yoga, con la que ya había sido mi profe cuando me inicié en ello. Y fue esta mañana, fue hoy y en esa clase, con todo su recorrido, asana tras asana, respiración tras respiración, foco, visualización, que entré en contacto con mi “yo”, mi “yo” que sabe que todo está bien. Recordé que a veces no hay que forzarse tanto si no que más bien se trata de ir bailando con la vida, de jugar, de permitir que las piezas del puzzle vayan encajando, de confiar. De saber que ahora mismo, estoy en un momento de aprendizaje, que es el que es. Que se trata de aceptar, de dejarme fluir de la mejor manera con la situación, de danzar con ella desde la calma. Y que así, tan solo así es como las cosas empezarán a llegar.

Y así fue, y llegaron a mí imágenes, sensaciones, comprensión, calma… 
Y agradecimiento, porque puedo ver todo lo maravilloso que hay en mi vida, porque sé que lo mejor ya está aquí y viene cada vez algo mejor y mejor. Pero, recalco, ya estoy en la felicidad, ya estoy en lo mejor, ya estoy en todo lo que soy, en todo lo que es. 
Respiro, desde la calma, desde el amor, desde el corazón… y me dejo llevar, y confío, y suelto y agarro… y pido, y creo. Siempre, en equilibrio. Volviendo a mi centro.

Gracias, gracias, gracias

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